jueves, 11 de diciembre de 2008

Johann Kaspar von Thürriegel


Johann Kaspar von Thürriegel nació en la localidad bávara de Gossersdorf en 1722. Su primer oficio fue el de escribano, pero pronto optaría por la carrera militar. Como muchos de sus contemporáneos, fue muy variable en el ejercicio de su profesión, ofreciendo sus servicios al bando que más le pagase. Acciones que le acarrearían, entre otros, el ser encarcelado; es más, incluso fue desterrado de Austria.

Consciente de los deseos poblacionistas que circulaban en España desde hacía décadas, acudirá a Madrid en 1766 para ofrecer al monarca español sus servicios. Ciertamente, al principio sus ofertas no recibieron la atención que esperaba; por lo que optó por cambiar de estrategia. Decidió silenciar su origen y hacer pasar a su mujer por hija natural de Carlos VII Alberto, es decir, por la condesa de Schwannenfeld, nacida de las relaciones del emperador con la condesa de este mismo nombre cuando estuvo en Augsburgo en 1743 (en realidad era hija de un guardabosques muniqués). Un engaño que le permitiría ganarse a un funcionario de la secretaria de Estado y del Despacho de la Guerra y, a través de él, ser admitido en el círculo cortesano. Así, una vez en él, logró que su propuesta fuese oída.

Al año siguiente, tras un dilatado estudio, el gobierno español aprobaría su propuesta de introducir en su territorio a seis mil colonos alemanes y flamencos; así como la de otorgarle, por ello, el título de coronel del ejército español, siendo previamente naturalizado.

Desde entonces, Thürriegel inició una intensa campaña para el reclutamiento de colonos por toda centroeuropa; lo que suscitaría una férrea oposición a su empresa por parte de prácticamente todas las cortes y gobiernos afectados, los cuales no dudaron en poner precio a su cabeza.

A pesar de las dificultades, al finalizar su contrata, en julio de 1769, había introducido algo más de siete mil colonos; precisamente aquellos con los que Olavide puso en marcha las Nuevas Poblaciones. En verdad, muchos no se ajustaron a las condiciones fijadas en la contrata (debemos recordar que Thürriegel concibió la introducción de colonos en España sólo como un negocio, por lo que su interés principal pasaba por remitir el mayor número posible de éstos; especialmente porque él recibía por cada uno trescientos veinte reales del gobierno español), pero la mayor parte vino siendo consciente de que tendrían que trabajar muy duramente; y ello a pesar de que se les prometía un lote de tierra, diversos animales y aperos de labranza.

En diversas ocasiones, éste volvería a ofrecer al gobierno contratas similares, pero fueron sistemáticamente rechazadas. Finalmente, moriría en la cárcel de Pamplona en 1800, lugar donde había sido encarcelado en circunstancias poco claras; aunque relacionadas con el contrabando de armas.


Fuente: Adolfo HAMER, La Carlota, apuntes para su historia, Madrid, Bubok Publishing, 2008, pp. 117-119.