domingo, 4 de enero de 2009

El X conde de Aranda


Pedro de Abarca y Bolea nació en el castillo de la localidad oscense de Siétamo el primer día de agosto de 1719. Se educó en el Seminario de Bolonia y en Roma. Durante su juventud viajó por Europa tomando contacto con las corrientes ilustradas. En un primer momento orientó su vida al mundo militar, carrera que le llevó a ser embajador en Lisboa y en Polonia, así como gobernador de Valencia; cargo este último al que debió renunciar para presidir el Consejo de Castilla tras el motín de Esquilache.

Desde este cargo apoyó decididamente en un primer momento la colonización de Sierra Morena y Andalucía y a su superintendente, Pablo de Olavide; aunque posteriormente su apoyo se redujo.

En 1773, debido a problemas internos en el gobierno, derivados sobre todo de la ocupación inglesa de las islas Malvinas, debió abandonar la presidencia del Consejo y trasladarse como embajador a París. Allí cosechó éxitos como el tratado de Inglaterra, que llevó a la devolución a España de la Isla de Menorca en 1783. Regresó a Madrid en 1787, encabezando desde entonces la oposición a las iniciativas del conde de Floridablanca (antiguo amigo y fiscal criminal del Consejo de Castilla cuando él ocupaba la presidencia), hasta que logró que Carlos IV lo depusiera y le confiara a él la secretaría de Estado en febrero de 1792. Pero su excesivo compromiso con las ideas ilustradas y con el enciclopedismo, llevaron a que en noviembre de ese mismo año fuera sustituido por Manuel Godoy. Una decisión que Aranda no aceptó de buen grado, por lo que no dudó en iniciar también una oposición contra él desde su puesto de decano del Consejo de Estado, tomando como argumento la guerra con Francia. Un forcejeo que se saldó con la victoria del favorito y el destierro del conde a Jaén en marzo de 1794.

En 1795, el rey le autorizó a vivir en Aragón, por lo que Aranda decidió retirarse a pasar los últimos días de su vida en la villa de Épila (Zaragoza); donde fallecería el 9 de enero de 1798.