miércoles, 5 de agosto de 2009

El hijo de La Carolina (Fernando Luque)


El hijo de La Carolina, obra de Fernando Luque, es una breve obra teatral de carácter cómico cuyo protagonista es natural de la referida localidad jiennense de La Carolina. Después de estrenarse en el teatro Rey Alfonso (hoy Arniches) de Madrid el 7 de marzo de 1923, vio casi inmediatamente la luz en soporte impreso gracias a Los Contemporáneos; constituyendo, en concreto, el número 743 de su colección.

Dicha colección se encuentra entre las principales colecciones teatrales “menores” editadas en España en las primeras décadas del siglo XX. En este sentido, el primer número vio la luz a comienzos de 1909, aunque no será hasta 1918-1919 cuando las novelas cortas dejen paso a la publicación regular de obras teatrales; normalmente trabajos de autores nacionales y de carácter cómico. En abril de 1926, después de haber editado 897 títulos, un ejemplar que recogía el texto de El marqués de Bradomín, de Valle-Inclán, cerró casi dos décadas dedicadas a la difusión popular de la literatura española coetánea.

Como ya hemos indicado, el protagonista de esta obra es Manuel Pérez, un joven de La Carolina que se quedó huérfano de padre muy joven; siendo amparado, junto con su madre, por el alcalde de su localidad debido al virtuosismo que éste mostraba para tocar el violín.

El alcalde, llamado irónicamente Áureo Lamoneda (tanto por su condición de mecenas, como por la ostentación de alhajas y joyas, como, quizá, también por ser las explotaciones mineras uno de los principales motores económicos de La Carolina a comienzos del pasado siglo XX), impulsa no sólo el nombramiento de Manuel como hijo predilecto y adoptivo de su pueblo sino que además logra que el Ayuntamiento lo pensione para que estudie y se forme en Madrid.

Una vez en la capital, el joven se enamora de otra residente de la academia con la que mantiene una relación de amor-odio que lo lleva a abandonar sus estudios y a vivir “a todo tren” gracias a la referida pensión. Sin embargo, su modo de vida peligrará gravemente cuando Áureo Lamoneda decide visitar por sorpresa a su protegido.

Eurípides, uno de los compañeros de Manuel, logra convencer al alcalde de que una mujer lo está “perdiendo” al alejarlo de sus obligaciones; conviniendo con él en que lo mejor sería que el alcalde alejase a Eva (en clara referencia a la Eva del Génesis, responsable de que Adán desobedeciera a Dios y, por tanto, de que perdiera el paraíso que se le había entregado) de aquel llevándosela a París.

No obstante, durante su estancia en París, Eva se muestra muy amable con Áureo; tratándolo casi como un padre. Un hecho que hace que el alcalde, muy a pesar suyo ya que Manuel juró que mataría a quien hubiera arrancado a Eva de su lado, la lleve consigo a La Carolina. Poco después se presenta allí Manuel, que había estado desaparecido desde la desaparición de su novia, con propósito de enmendar su vida y olvidar a esa mujer.

Después de varias peripecias y episodios para evitarlo, Eva y Manuel se encuentran y mantienen una fuerte discusión en la que se gritan que su relación ha acabado. Sin embargo, y ante la sorpresa del alcalde y sus compañeros de la academia, también presentes en La Carolina, ambos jóvenes se fugan juntos poco después.

Como conclusión, Luque incluye la traducción de una sentencia del filósofo cordobés Séneca:

“De qué me sirve tener
honores, ciencia y dinero,
si en cuanto veo una mujer
soy un perrillo faldero”.


LUQUE, Fernando, El hijo de La Carolina. Juguete cómico en tres actos y en prosa, Madrid, Imprenta de Alrededor del Mundo, 1923; 24 pp., 21 cm.